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miércoles, 5 de marzo de 2014

"Recuerdo sus dientes blancos mientras me violaba. Brillaban en la oscuridad"

Violeta Duque, víctima de reclutamiento forzoso con 14 años 
a manos del ELN. Parque de las Luces, Medellín.


SEGUNDA PARTE

Violeta Duque (36 años) lleva casi una década recibiendo tratamiento psicológico. Hace apenas doce meses que consiguió contar a sus dos hijos cómo fue su infancia y adolescencia. Una experiencia vital que juró, junto a su madre, enterrar en lo mas profundo de su corazón: la historia de su reclutamiento forzoso en 1992, con tan solo 14 años, a manos de la guerrilla del ELN, el Ejercito de Liberación Nacional.

¿Qué ocurrió tras esos siete días en La Chapa?

Salimos de allá y caminamos mucho. Era la única niña junto a los dos guerrilleros que me reclutaron. Todavía no me habían dado uniforme. Llevaba unos tenisitos.

Vestida con tu ropa de niña

Sí. Yo caminé con mi ropa, un pantaloncito y poco más. Estuvimos varios días viajando de casa en casa por las veredas.

¿En un grupo numeroso?

No, tres o cuatro hombres y yo. Tras mucho caminar llegamos a la vereda La Concha, en el municipio de La Unión Antioquia. Nunca olvidaré el nombre de esa vereda porque allí abusaron sexualmente de mí.

Cuatro, cinco y hasta seis segundos de silencio. Violeta mira al cielo y coge aire. Está haciendo un gran esfuerzo para no desmoronarse. Las lágrimas brotan de sus ojos

Tranquila, vayamos con calma. Si no te encuentras bien saltamos ese capítulo.

Llegamos a una casa y me consiguieron unas botas de adulto, una sudadera y una camiseta negra. Me dijeron que me tenía que cambiar el nombre y que escogiera uno. Me puse Jazmín.

¿Por qué Jazmín?

Vi como flores en el camino y lo elegí. Me dieron una de las armas que portaban, un fusil. Ya no era un revólver, sino un M16. Me dijeron que así se llamaba el arma y me enseñaron a armarlo y desarmarlo.

Fue tu primera clase de instrucción militar

Así es. Salimos de esa casa y caminamos por la vereda de La Concha  hasta llegar a otra casa. Allí llegó un comandante, se llamaba Álvaro. Tenía bajo su mando a doce hombres. Creo que le decían escuadra a ese número de guerrilleros
Álvaro era joven, más o menos de unos 25 años. Al lado de la casa había un rancho, una especie de casita vieja de madera donde guardaban herramientas y cosas así. Cerca unos llanos donde recibí instrucción militar.

¿Qué clase de ejercicios te enseñaban?

Recibí instrucción para dar en el blanco, ejercicio físico arrastrándome por el suelo, caminatas,  tácticas de guerra para salir en combate…cosas que se enseñan. También códigos para hablar. Por ejemplo no se decía matar, sino ajusticiar. No se llama robar, sino recuperar. No se llama prestar guardia, sino prestar diana. Recuerdo que robamos un carro de Zenú lleno de embutidos y lo repartimos entre la gente pobre de la vereda. Yo nunca había visto tanta abundancia. Comí mucho salchichón hasta que me harté.

Tras una breve sonrisa recordando el robo de embutidos, Violeta vuelve a mirar al cielo. Quiere soltar todo lo que lleva dentro. Tras unos segundos de silencio, arranca.

En la guerrilla uno de los códigos es que no se puede tener contacto sexual con las compañeras.

Unas reglas que no se cumplían           

No…Álvaro me llevaba y me decía que fuéramos a charlar y… me llevaba de noche al rancho de la casa, sin luz. Allí me tiraba a la tarima de madera, me bajaba los interiores y abusaba de mí. Hacía eso y yo no podía evitarlo. Él estaba todo armado…me bajaba los interiores y la sudadera.

Violeta rompe a llorar. No puede articular palabra. Intento consolarla cogiéndole la mano. Tenemos que parar unos minutos. Se enjuga las lágrimas y continuamos.

Como cuatro veces lo hizo. ¿Sabes que es lo que pasa? Yo había tenido antes mis noviecitos, pero nunca había tenido relaciones. Yo era una niña y no tenía que haberme hecho eso.  Lo que más recuerdo de él son sus dientes blancos que brillaban en la oscuridad cada vez que me hacía eso. Brillaban en la oscuridad… Vivo atemorizada de ver un rancho igual, el rancho de al lado.

Violeta abre su bolso y me enseña algo que ha escrito: El rancho de al lado. Lo leo con atención.

Era un oscuro y pequeño cuarto de madera con piso de tierra. Había una tarima que parecía cama, con un tendido de palos secos, que continuaban con su coraza. Esta madera no fue pelada ni pulida, fue partida y allí clavada formando un armazón, como una gran banca, un lecho que por días esperaba que ella llegara.

No sé si este cuarto fue habitado, pues en él se guardaban: sales para el ganado, miel para los caballos, azadones viejos y herramientas oxidadas. Un día a la vereda llegó Jazmín, una joven hermosa de 14 años que no era del lugar, y el cuarto oscuro frecuentó, no por voluntad propia, su verdugo se lo imponía pues ella a este hombre le temía.

Armado de pies a cabeza al racho la llevaba, la entraba y bruscamente en la tarima era tirada, con violencia y desespero su ropa interior él arrancó, en sus nalgas y espalda las astillas de madera se clavaron. Le dolía más el corazón que el cuerpo, ponía su mente en blanco mientras el tipo encima de ella se posaba. Se sentía sucia, este villano le generaba mucho asco, lo único que veía en el abusador y no logra olvidarlo son sus enormes dientes que brillaban en la oscuridad.

Llora la sal, llora la miel, llora la tierra al mirar cómo esta flor desojan, inmóviles están, inmóviles se quedarán, porque por ella no pueden hacer nada. Pobrecita Jazmín, no podía objetar, solo callar y aceptar la barbaridad que con ella cometieron, pero no se oponía porque sabía que con esto su vida salvaría.
                                                                                                         Violeta.


¿Sabe qué? Fueron como cuatro veces y yo no podía decirle a nadie. Tenía que aceptarlo y quedarme callada. Después de que pasara todo eso él volvió a abusar de mí. Y todo sin protección. Me da mucho asco…Bueno, ya no hablemos más de eso.

Suficiente.  Sigamos y olvidemos La Concha

Después de ahí me cambiaron las botas por unas más pequeñas, ya que al se las otras grandes me producían ampollas.  Me llevaron con una familia, en la vereda Monteloro, durante un mes y estuve más contenta. En la casa sembraban amapolas o coca, no recuerdo, pero yo me sentía contenta.

Por fin un respiro

Sí. En esa familia había niños y me sentía bien. Estaba muy contenta porque no tenía que estar entrenando todos los días. Yo le ayudaba a la señora en la casa y me leí un libro que se llama El túnel. Estaba contenta en esa casa hasta que la guerrilla volvió a por mí, ya con un uniforme preparado.

¿Adónde te llevaron?

Caminamos durante doce días.  Aguantamos hambre comiendo piñas y durmiendo en hamacas. Durante el viaje él volvió a abusar de mí. Uno de los días dormimos en una casa y él se acostó en mi cama. Ese día nos picaron los chinches. Al final llegamos a un gran campamento y por fin se olvidó de mí gracias a Dios. Pasaron muchas cosas en el camino, casi me muero cruzando un río. Pasamos cerca de la autopista Medellín Bogotá y en una ocasión casi nos ve el ejercito colombiano y tuvimos que permanecer escondidos.

¿Qué recuerdas de tu llegada al campamento de la guerrilla del ELN?

En el campamento había mucha gente joven, mujeres y hombres. Recuperaron un ganado para comer y lo mataron a punta de bala.  El campamento estaba cerca de la autopista Medellín Bogotá. Recuerdo que lloraba mucho, lloraba en silencio todas las noches porque yo quería estar con mi mamá. Lo que más quería era volver a ver a mi mamá, abrazarla y ver Los Simpson.

¿Ver Los Simpson?
Sí, para mi Los Simpson significan libertad, muchas cosas buenas.

¿Qué trabajo te encomendaron en el campamento?

Me ponían a cocinar. Recuerdo que allí había una escuela y la guerrilla del ELN idolatraba a un cura, el cura Manuel, aunque no recuerdo muy bien.  (Violeta se refiere a Manuel Pérez Martínez, nombre en clave Poliarco, un  ex sacerdote español líder del ELN) Allí hablaban de los Derechos Humanos mientras ellos no los respetaban, ahí estaba yo secuestrada y armada con 14 años. Otro de los trabajos era salir del campamento e ir a la autopista de Medellín Bogotá para tratar de robar carros, recuperar como ellos decían, o para quemarlos para hacer guerra, política..

¿Cómo era tu relación con el resto de guerrilleros?

Te dicen en la guerrilla que no existe la familia, tu  única familia es la guerra, tu único amigo el fúsil y no lo puedes perder. No existe Dios y si tienes un embarazo hay que abortar porque eso es un impedimento y nada se debe interponer en la guerra. Pero me encontré con una persona buena. Un guerrillero que cada vez que salía volvía y me regalaba caña de azúcar. Se llamaba Wilian, o al menos así se hacía llamar.

En el Parque de las Luces me comentabas que estuviste secuestrada por la guerrilla tres meses. ¿Cómo conseguiste escapar?

Había uno que siempre me tiraba los tejos, me piropeaba. Era un tipo muy amigo de los duros, los jefes del campamento, le pedí que intercediera por mí para que me dejaran libre. Él accedió…

Imagino que por un precio

Sí, yo le veía la malicia.

¿Qué quería a cambio?

Él quería algo y yo con tal de salir dije: vamos a dárselo. Un día salimos al monte a por leña y estuve con él. A partir der ahí, cada vez que me veía quería. Lo hicimos como el cinco ocasiones. Se llamaba Henry. Recuerdo sus piernas velludas. Yo digo que eso también es un abuso. Tenía sexo con él a cambio de que me dejaran libre.

¿Cumplió Henry con su palabra?

Él me decía que todavía no había podido hablar con el comandante, pero que lo haría. Un día me dijo que ya había hablado y que habían tomado la decisión de liberarme porque yo no estaba en el campamento mayor, sino en uno más pequeño. Si llego a conocer el otro no me hubieran dejado salir nunca. No sé que campamento sería el otro porque a mí me parecía estar ya en uno muy grande, había mucha gente.

¿Y te dejaron ir así sin más?

Sí, pero con una condición: si yo abría la boca ellos sabían dónde vivía mi familia y que, por muy duro que fuera ajusticiar a un compañero, lo harían.

No olvidemos que te están diciendo todo esto con tan solo 14 años…

Sí, así me lo dijeron. Esperaron unos días más y me dieron 5.000 pesos y me dejaron ir. Tenía mucho miedo. Mientras me alejaba del campamento creía que me iban a disparar por la espalda. No creía que fuera tan fácil irse de allá.  Entregué las armas y salí corriendo pensando que me iban a matar, pero me dejaron ir. Salí a la autopista y paré una tractomula. ¿Qué hace aquí?, me preguntó el conductor. Mentí. Vengo de por allí, de una vereda, le dije.

No querías decirle de dónde venías..

Claro, yo andaba toda asustada. Me sentía como en una película, en la tercera dimensión. El de la tractomula fue bueno y me llevó hasta un estadero donde paró. Nunca se me olvidará el nombre del sitio, La Mañosa. Allí me invitó a desayunar. Seguimos el camino, mientras hablábamos un poco de todo, y me dejó en Rio Negro. Con los 5.000 pesos que me dio la guerrilla conseguí llegar a El Carmen del Viboral y de ahí a la vereda La Chapa para acabar en La Florida. Cuando mi mamá me vio pensó que era un fantasma. Entré a la casa por la ventana y me abrazó. ¡Mi niña, mi niña. Yo pensé que se había muerto!, gritaba. 

Habían pasado más de tres meses

Sí, tres meses larguitos. Vinieron a por mí en febrero de 1992 y me soltaron unos tres meses después. Una amiga de la vereda, nada más llegar, me dijo que me fuera lo más pronto posible. ¿Por qué le pregunté?

¿Más grupos armados?

Sí. Me dijo que cerquita de casa estaba la guerrilla de las FARC

Lo que faltaba…

Sí. A mí se me llevó el ELN, pero las FARC tienen fama de ser más terribles. Además, si ellos se daban cuenta de que yo había tenido entrenamiento militar, que estuve en el monte y que sé de armas me llevan y ya sí que no me dejan regresar. Salí volada, cogí ropita y fui desplazada a Medellín.

¿Volviste a separarte de tu madre?

Sí, ella se quedó en la vereda. Me volé a Medellín, llegué a Robledo, conocí al papá de mis hijos y los tuve sin querer. Es un mal papá y no me ayudó a criar a los niños. De allí también salí desplazada y conocí al que ha sido el amor de mi vida, Andrés, que está desaparecido desde hace cinco años.

Tienes el cielo ganado, Violeta. Deberías sentirte orgullosa de haber llegado hasta aquí pese a todos los problemas.
Mi amiga, la que me aconsejó irme porque estaban las FARC cerca, la mataron junto a su esposo en 1998.

¿Y tu mamá?

A ella y a mis hermanos me los traje a los dos años de huir de La Florida. Si no lo hubiera hecho estarían muertos. Como te decía, nos tocó desplazarnos por la violencia en la Comuna 13, vivía en la zona de Robledo, El Salao, San Javier… Salí de esa comuna en el 2002. Es el único ‘hecho victimizante’ que tengo reconocido oficialmente. Me asenté en el barrio de Caicedo y allí conocí a Andrés, el amor de mi vida. Viví con él seis años hasta que me lo desaparecieron el 12 de diciembre de 2008.

Visiblemente afectada, Violeta vuelve a llorar. No quiere olvidarlo. Tenemos que parar por unos instantes.

Mis hijos creen que él va a volver. Para ellos Andrés es su papá, pero yo sé que él no va a volver. De todo lo que a mí me ha pasado en la vida: secuestrada, violada y abandonada, lo que más me duele es que él se haya ido sin despedirse.  Nadie me ha entendido como él. Mi amor está pausado.

El llanto de Violeta es incontrolable. Incluso me pide disculpas. Doy por terminada la entrevista y le vuelvo a coger la mano. Poco a poco se va tranquilizando. Pedimos un par de tazas de café capuchino. Hablamos de sus hijos, de mi novia y de sus sueños en la vida. Quiere aprender a montar en bici, estudiar psicología, conocer Jerusalén, tirarse en paracaídas y conocer a su cantante preferido, el mejicano Marco Antonio Solís. Estoy seguro de que alguien como ella conseguirá cumplir sus sueños.


PUEDES USAR PARTE O LA TOTALIDAD DE LA ENTREVISTA EN EL MEDIO QUE CONSIDERES OPORTUNO, SOLO TE PIDO QUE MENCIONES AL AUTOR.

"Con 14 años pusieron en mis manos un revólver Ruger y me ordenaron que disparara"

Violeta Duque, víctima de reclutamiento forzoso con 14 años 
a manos del ELN. Parque de las Luces, Medellín.
PRIMERA PARTE



Música: http://www.jamendo.com/es/artist/125/rob-costlow-contemporary-piano

 Violeta Duque (36 años) lleva casi una década recibiendo tratamiento psicológico. Hace apenas doce meses que consiguió contar a sus dos hijos cómo fue su infancia y adolescencia. Una experiencia vital que juró, junto a su madre, enterrar en lo mas profundo de su corazón: la historia de su reclutamiento forzoso en 1992, con tan solo 14 años, a manos de la guerrilla del ELN, el Ejercito de Liberación Nacional.

Tras  más de diez años, Violeta todavía lucha para que se le reconozcan algunos de los 'hechos victimizantes' que ha sufrido a lo largo de su vida: desplazamiento, abuso sexual, reclutamiento, la desaparición forzosa del amor de su vida y un secuestro en la Comuna 13 a manos del CAP, los Comandos Armados del Pueblo.

Son las dos de la tarde de un lluvioso día de marzo. Espero la llegada de Violeta en el centro del poder político de Medellín, frente al imponente edificio de la Alcaldía. La reconozco. Una chica con curvas, de mediana estatura, con el pelo largo hasta la cintura y tez cálida. Vestida con camiseta verde y jeans azules, se acerca con paso firme y seguro. Nadie imaginaría por lo que ha pasado. Me reconoce. Antes de empezar la entrevista quiere conversar.



Tras veinte minutos sentados en un banco del Parque de las Luces, Violeta decide confiar en mí. Está preparada para contar aquello que muy pocas personas saben. Subimos a la segunda planta del Centro Comercial Gran Plaza y nos sentamos en una tranquila cafetería. Para ella una dulce y colorida limonada cerezada.  Para mí una Coca-Cola



Empecemos por el principio, Violeta. ¿Dónde naciste y qué recuerdas de los primeros años de tu infancia?

Suelo decir que mi vida empieza mal cuando todavía estaba en el vientre de mi mamá. Con ocho meses allá, abusaron sexualmente de ella. Me cuenta que mi hermanito Wilson,  de dos años,  se pegaba a su falda intentando protegerla mientras él estaba encima. Quizás las historias horribles tienden a repetirse. Ahí nací yo, en Nariño de Antioquia. Cuando nací no lloré y casi no me reviven

No funcionaron los típicos cachetes en el culo, imagino.

No. Tuvieron que hacerme respiración boca a boca. Al final lloré como un gato, casi no vivo. Después de eso nos trasladamos para Medellín. No teníamos plata y pasábamos las horas con mamá pidiendo limosna en las calle.  Mamá no me dio una buena crianza. Ella es muy linda y la quiero mucho, pero a los ocho años me abandonó en un orfanato porque no tenía quien me cuidara. No porque me portara mal, sino porque no me podía mantener. Yo hubiera querido tener una vida normal…pero no fue así. Estudié cinco años la Primaria en el internado, el hogar infantil Centro Social San José. A los 12 años salí de allí y mi mamá me pidió perdón por no saberme cuidar

¿Estando en el orfanato tenías contacto con ella?

Sí. Yo a veces salía los fines de semana y me iba para donde ella. Me pegaba mucho, se desquitaba conmigo de sus problemas. Mi hermano mayor tiene un problema, no es así normal, y nunca ha servido para nada. Yo he sido la que siempre ha dado la cara en la casa y en la vida.

Te tocó coger las riendas, ser el cabeza de familia.

Así es. Soy el corazón, el cerebro y todos los órganos del cuerpo. Desde los 12 años no he parado. Mi mamá ha tenido muy mala cabeza, aunque no la culpo ¿Sabes por qué? Porque ella cuando era bebé la botaron con una hoja de cuaderno en el ombligo que decía: sin bautizar. La mujer que la acogió se murió y su marido se volvió a casar con otra que nunca la quiso y acabó también internada. Mi mamá creció en ese ambiente y tuvo la mala suerte de conocer a mi papá, un hombre que le dio muy mala vida. Por eso no la culpo. Sufrió mucho. Ella hizo conmigo lo mismo que le pasó.

¿Tu padre se desentendió de ti y tus hermanos?

Sí. Se desentendió. Es muy malo, un drogadicto, una mala persona que le pegaba mucho, incluso dándole patadas con un hijo en el vientre. Mi mamá huyó de él y se fue al campo con nosotros. Allí cambió mi vida, en El Carmen del Viboral

¿Por qué eligió tu madre ese pequeño pueblo y no otro?

Ella se fue para allá detrás de un hombre que le prometió ayuda. Sin embargo, eso era un moridero.

Tenías 12 años cuando llegaste a El Carmen de Viboral.

Sí. Fue salir del orfanato y me llevó para ya. No me dio Bachillerato ni nada. Yo no quería vivir allá porque pasábamos mucha hambre. Así que iba rodando del pueblo a Medellín siempre que podía.

¿Cómo una niña tan pequeña viajaba desde el campo a la ciudad y sin apenas plata? ¿Dónde te quedabas?

La gente que conocía me acogía. Empecé a coger café, trabajaba limpiando en casas y la plata que conseguía se la llevaba a mi mamá. Era poquito, lo que podía. Poco faltaba para que empezáramos a ver las guerrillas. Vivimos en una de las veredas  de El Carmen de Viboral, Quebrada Negra,  y más tarde en otra llamada San José.

En Colombia la vereda es uno de los centros de división territorial de un municipio o corregimiento. Son pequeños asentamiento que pueden estar a más de 3 horas del municipio del que dependen. Su acceso es complicado, normalmente a caballo

En las veredas no había luz, tampoco baños. Uno iba a todas partes con velas.

¿Recuerdas el día a día de tu vida en las veredas antes de tu reclutamiento forzoso a manos del ELN?

Uno se levantaba bien pronto y ordeñaba las vacas, si es que había vacas, hacía un desayuno de arepa y caldo de papas y trabaja arreglando truchas. Fue mi primer trabajo. Le quitábamos las vísceras al pescado y los deshuesábamos. Recuerdo que mi primer sueldo de verdad fue de 2.500 pesos. Me compré un paquete de galletas Ducales, unos dulces y una loción para mi mamá.

Y todo esto con solo 12 añitos. ¿Qué hacías el resto del día cuando no trabajabas?

Jugaba y ayudaba a mi mamá a hacer algo en la cocina. También escribía, cogía unas uvitas que nos daban diarrea y buscábamos leña, aunque yo al no nacer en el campo no sabía y siempre la recogía verde, no ardía. Aunque recuerdo que pasába mucha hambre.

¿Qué comías habitualmente?

Yo era una niña y buscaba a la gente que cosechaba papas para ver si nos regalaba alguna. Producían las papas normales, pero también unas más pequeñas, las guache, que normalmente se desechaban. Eso comíamos. Además, mi mamá sembraba coles y nos regalaban unos frijoles muy asquerosos, los cachetones que no los volveré a comer nunca. Los cachetones con papas eran horribles. Era una situación muy difícil y por eso yo me venía a Medellín siempre que podía.

Todo los días papas

Sí, siempre caldo de papa. Carne nunca se veía. Mi mamá nos llevó a ese moridero  y no teníamos cómo regresarnos.

¿Y cómo hacías tú para ir a la ciudad y volver?

Pedía y pedía. Convencía a los conductores para que me llevaran. A veces por nada y otras por unas moneditas.

¿Normalmente había suerte y conseguías transporte?

Sí, solía haber suerte. Y si no la buscaba. En la vereda nos moríamos de hambre. En esa fecha me conseguí un novio, mi primer novio. Cuando mi mamá nos vio besándonos…

Con 12 o 13 años

Sí, mi mamá me pegó una pelá.

¿Una torta?

Sí. Yo me enfadé y me tomé veneno, Fanzate, un producto que se le echaba a las papas. Pero no me hizo daño.

Cosas de críos…Hasta el momento tu problema más grande era el hambre, pero imagino que quedaría en un segundo plano cuando comenzaste a ver a la guerrilla.

Sí. Hablamos de 1991. Todavía no existía ese problema donde vivíamos. Poco después, nos mudamos a la vereda San José donde vi por primera vez a la guerrilla, gente uniformada.

Siendo tan chica ¿Sabías qué hacía esa gente?

Fue muy raro. En la vereda decían que era la guerrilla. Yo no sabía nada de ellos, aunque la palabra sí me sonaba por una oración que hacíamos en el orfanato a favor de la paz. Estaban armados y me producían miedo, aunque no los vi mucho allá, pronto nos fuimos de San José. Mi mamá conoció a un hombre que prometió ayudarle y nos fuimos a la vereda La Florida, mucho más cerca de El Carmen de Viboral, a un par de horas. Este hombre si fue bueno. Consiguió trabajo y una casita bonita.

Por fin empezaban a salir las cosas mejor.

Sí, ya dejamos de pasar hambre, aunque recuerdo que el señor me hacía levantarme para trabajar bien temprano, a las seis. En ese tiempo ya empecé a ver mucho más a la guerrilla.  Venían a la vereda y obligaban a todos a salir de sus casas para escuchar lo que tenían que decir. Venían los domingos. Intentaban reclutar a gente de la zona para ir contra el Gobierno. Un domingo de febrero de 1992, llegaron y me obligaron a acompañarles a una vereda cercana, La Chapa.  Fui con ellos, pero ya no me dejaron regresar. Mi mamá fue a por mí a La Chapa y se arrodilló ante mis captores, pero de nada sirvió.

Violeta empieza a emocionarse. Sus ojos brillan y empiezan a mojarse. Le cuesta encadenar cada una de las frases. Le duele seguir con su historia, aunque intenta mantener la compostura.

Ellos ya habían tomado una decisión y yo me iba a quedar allá. Tuve mucho temor por mi mamá. Le decía que se fuera, creía que la iban a matar si seguía insistiendo. Ya no había vuelta atrás. Mi mamá se fue llorando. ¿Yo qué podía hacer? Ellos eran grandes, estaban armados y tenían el poder. Yo tenía que agachar la cabeza y seguir las órdenes o me mataban.

Poco podía hacer una niña de 14 años

Nada ¿Qué iba a hacer ante todo eso?

¿Cuánto tiempo te retuvieron en La Chapa?

Me metieron en una casa durante una semana.

¿Cómo transcurrió esa primera semana?

Viví mi primer enfrentamiento armado. Pusieron en mis manos un revólver Ruger, un 38. Me ordenaron que disparara. Lo hice, pero afortunadamente no maté a nadie. Para mí era fácil disparar. Esas armas son fáciles. Nunca olvidaré cómo quedó el lugar tras el tiroteo.